BMW 318 IS E30

El encuentro y su consecuencia: el lobito rojo. …….por Gustavo Garcia

Corría el caluroso mes de julio de 2018, principios, cuando una de tantas mañanas que me tocaba pasar por la explanada de Carrefour camino del lavadero, veo aparcado junto a un stand de una multinacional de compra de vehículos, un precioso BMW e30 de un color rojo intenso, poco habitual y visto, menos con la edad que debería tener el coche, demasiado bonito para ser verdad.

Junto al coche, del cual desconocía en ese momento matrícula y motorización, una pareja de jubilados, serios, a punto de montarse en el coche.

Doy un par de vueltas al coche y sus ocupantes, y finalmente decido parar y presentarme.

Sin saber muy bien porqué quise ver ese coche de cerca, al aproximarme compruebo que las placas con distintivo europeo (no le quedaban bien al modelo) eran de San Sebastián (SS). Aparece una sonrisa instantánea en mi cara.

Les saludo, me presento, y les comento que me gusta el modelo (ya había leído en su capot trasero el anagrama 318is). Al preguntarles si lo querían vender me dice el aguerrido conductor que SI, porque ya son mayores para seguir disfrutando y apenas lo usan, pero que no habían llegado a un acuerdo en la cifra que les ofrecía la multinacional.  Disimulo lo que estoy pensando pero no me quedo sin preguntar por la cifra que pedía. Silencio. De repente la suelta y me quedo helado, me parece alta y no estoy por alcanzarla.

Entonces es cuando les comento que me dedico a comprar y vender coches, que tengo un local donde trabajo esta actividad y les invito a que me visiten si no tienen comprador, no antes sin dar mi tarjeta. También les explico que me gustan los Mercedes y Bmw de esa época y que ya tengo un Mercedes 190  w201 guardado, que su Bmw estaría bien cuidado y se sumaría a la colección.

Sin pena ni gloria, nos despedimos y abandono el lugar sin muchas esperanzas de volver a ver ese Bmw ni a sus dueños. En fin.

Pasadas unas semanas recibo una llamada, número no registrado, y compruebo al descolgar que era el señor del 318is, no me lo podía creer.  Tras unos minutos de conversación concretamos el día que pasarían con su flamante bávaro por mi local. Se me hará larga la espera. El día señalado, por la mañana, sin haber hablado de cifras, aparecen con su flamante coche. La pareja empieza a contarme su particular historia y el cariño que sienten por su auto, la tengo en mi memoria. Él, carrocero de toda la vida de Aizarnazabal, se dio el capricho de comprarlo nuevo en su día, corría 1990, en Stinus (antiguo concesionario y taller oficial BMW de la c/Gloria en San Sebastián). Lo ha mimado y disfrutado con su mujer desde entonces, el estado del coche daba fe de esos cuidados. 167.000 km bien llevados. Brillaba tanto porque en su día aplicó varias capas de laca (barniz) para mantener ese intenso color. Lo encargó sin aire acondicionado ni elevalunas eléctricos, pero si con llantas BBS de 14” y un paquete estético que se denomina PFEBA, un lujo.

Tras cerca de una hora de charla explicando mis conocimientos sobre el modelo y alabando por otro lado mi Mercedes 190 que está aparcado en el local, llega el tema monetario, ¿qué podría hacer yo sabiendo lo que estaba pidiendo por él? Pues examiné detenidamente el coche y le expliqué las mejoras que el coche precisaba, así como alguna deficiencia que ya me había adelantado el dueño.

Hago una generosa oferta para el modelo del que tratamos, pero alejada de sus pretensiones. Empezamos a plantarnos en nuestras cifras hasta que él hace amago de bajar su precio. Me mantengo y quedamos en que piensen unos días mi oferta y que si no les convence, no pasa nada. Ya éramos casi amigos. Nos despedimos. La pareja parece irse no muy convencida, pero a la vez mostrando mucha gratitud.

Pasan unas horas y esa misma tarde recibo una nueva llamada, es él. Son ellos. Anticipo al auricular que si aceptan mi oferta al  ver su llamada…así es. Ya tengo su palabra de que se quedará su niño mimado conmigo, con mi Mercedes 190, mi SLK, mi CLK… Un lujo.

Una vez en el local, echan una última mirada a su querido BMW, sabiendo que no volverá a su garaje, mientras les doy un sobre con la cifra pactada, a la vieja usanza. Tomo sus datos y documentación y los dos juegos de llaves aparecen sobre mi palma extendida. ¡SI!.

Nos despedimos, les repito que cuidaré bien de él, y se alejan en su segundo coche. Mientras, yo, en mi soledad junto a mis coches, miro con una sonrisa al recién llegado. Parece que me quiere hablar.

Rápidamente cuento lo que ha pasado a mi novia María Montero (y además copiloto de nuestras andanzas en Bidasoa Clásicos), le mando fotos y quedamos para probarlo un día. El lobito rojo recibe su nombre, es el día de su bautismo, sale un aullido del diferencial trasero en los primeros compases que rápidamente trajo a la cabeza de María un pensamiento, sonaba como un aullido de lobo. Bautizado, hasta hoy.

Poco a poco hemos realizado algunas mejoras para participar en rallyes de regularidad clásica. Pasó por carrocería para alguna mejora estética (Martín, de Carrocerías Otxamari), y mecánica, a cargo de Josema Nieto (Taller mecánico JCP). Se colocaron llantas BBS de 15” con neumáticos Maxxis mixtos y tornillos antirrobo (llantas que tenía un amigo mío desde hace años, que se las regalé y nunca las usó, Josemari Escribano, que provenían de un Gof MKII G60), cubrecárter metálico Banana Drift, sondas en tren delantero para dar información al Rabbit, antinieblas delanteros, tablet con la app de Rabbit, cronómetro Big Data, luz interior led, luz desmontable frontal tipo led para tramos nocturnos, revisión con cambio de aceites y anticongelante, regulación delantera de focos, y como guinda, autoblocante trasero (fabricado por Urma Tailerrak). Como golosinas, alfombrillas de goma para este modelo, radio CD Pioneer de la época, a estrenar, derivabrisas de ventanillas ClimAir y pilotos intermitentes delanteros oscuros y pilotos traseros rojos.  Seguimos aprendiendo rallye a rallye, sólo digo eso.

En estos oscuros días de Covid19, que nos ha dejado prácticamente en dique seco desde marzo del año pasado, quería enviar un fuerte abrazo a tod@s los miembros del Club y deseando que os haya gustado esta historia me despido. Nos vemos en las carreras. Un abrazo.