PORSCHE 911 CARRERA 3.2

PORSCHE 911 CARRERA 3.2

EL COCHE QUE ME ELIGIÓ………..Por Javi Pereña

Verano, sombrilla, nevera, en ocasiones más de cinco personas apretadas en un Seat 600, la tapicería de sky quemando tu muslo… nos vamos a la playa! Este era el “ritual” que muchas familias de Irún hemos vivido y que todavía tengo muy presente cuando íbamos a la playa de Hondarribia allá por los ´80. Sumados a esos recuerdos se añadía uno que hacía que me olvidase lo que me abrasaba la pierna: una atractiva silueta roja aparcada en una urbanización cercana a la playa. Todo el trayecto se podía resumir en esos apenas 3 segundos que tardábamos en pasar por delante de aquel deportivo.

Con una edad en la que todavía no diferenciaba de marcas ni modelos, pegando la palma de mi mano izquierda al cristal y con la yema del dedo índice de la derecha también adherido al vidrio, señalaba desde nuestro 600 y decía: “Mira, mira! El coche guay! Algún día tendré un coche guay como ese!”

Naturalmente, el resto de los que iban en el vehículo se reían mientras yo seguía con una sonrisa de ilusión en mi cara. Mismo “ritual” de vuelta a casa, esta vez poniendo una toalla en la tapicería porque ahora sí que podías freír un huevo en la tapicería de aquel Seat. Intentaba por todos los medios colocarme en el lado derecho, ya que era la ventanilla por la que mejores vistas tenía para despedirme de “mi coche guay” hasta la próxima vez que volviéramos a ir a la playa.

Los años pasan, los tiempos cambian, ya no voy tanto a la playa, sigue parado en el mismo sitio y en un estado de aparente semiabandono… pero lo que no cambian son mis recuerdos y sentimientos hacia él. Aquella silueta roja que me enamoró de pequeño podría haber sido un Alfa, un Lotus, un Ferrari o un Jaguar… pero resultó ser un 911. Digo 911 y no Porsche, porque cuando hablas de Porsche… hablas de 911.

Años después y tras informarme de cuál era la vivienda asignada al aparcamiento del 911, me armé de valor, superé mis barreras, escribí una carta describiendo lo que en estas primeras líneas he contado y la introduje en su buzón. Para mi sorpresa recibí una llamada al día siguiente, era la mujer del dueño, que muy amablemente accedió a contarme la historia que tenía el coche para ellos (pero esto es otra historia). Les había gustado tanto mi carta que me dijo: “El día que tengamos intención de venderlo no dudes que serás el primero en saberlo”. Buf… sentimientos encontrados… feliz y extasiado pensando en que algún día me llamarían, pero triste y apesadumbrado porque quizá esa llamada con el tiempo nunca llegaría y pasaría a ser una simple respuesta de cordialidad.

Siempre mantuve la esperanza en que algún día recibiría aquella prometida llamada. Los años pasan, y aunque suene a tópico, puedo confirmar que si realmente deseas algo, por muy inalcanzable que lo veas, puede hacerse realidad. Una llamada a finales de 2008 fue la que me devolvió la esperanza en todo lo que había soñado. El propietario había fallecido y la mujer, manteniendo su palabra, contactó conmigo pasados algo más de dos años desde que leyeron aquella carta.

Tras unos días de visitas y pruebas conseguí hacerme con mi sueño de niño. No era un coche que viera en la sección de ventas de revistas ni que pensase adquirir… no… Éste tenía vida, tenía alma… tenía una historia de un niño que nunca dejó de soñar. Tenía que ser ÉSE, EL coche, MI coche. Esa unidad en concreto con la que he crecido soñando… y he soñado creciendo. Con 26 años y en aquel enero de 2009 fue cuando realmente tuve la sensación de que aquel deportivo fue quien me eligió y no yo a él. Desde esa fecha soy el infinitamente feliz propietario de un sueño de niño hecho realidad y que a través de este Club de Clásicos he querido compartir con vosotros.

Si eres de la zona del Bidasoa y tienes esta misma pasión por los clásicos, no dudes en contactar con nosotros y únete a esta “pequeña gran familia”.

Un abrazo,

J. Pereña